Desde que mi hija era un bebé nos han instado/insistido para que la dejáramos a ratos con los abuelos para que se acostumbrara a estar sin nosotros. Todo el mundo nos decía aquello de “y si un día ocurre algo y la tenéis que dejar, qué? lo pasará mal”. Y digo yo, que si lo ha de pasar mal ¿para qué forzar nada? Quiero decir, ¿qué diferencia hay entre que llore porque la deje contra su voluntad “para que se acostumbre” y entre que llore porque la deje contra su voluntad por causa de fuerza mayor? En ambas situaciones lo pasaría mal, pero una es evitable y la otra no.

En estos 3 años y casi 9 meses, nunca hemos tenido la necesidad de dejarla con nadie. Afortunadamente, no nos ha ocurrido ninguna desgracia. Disfrutamos de ir a todas partes juntos y, ahora que somos 4, hemos sabido/podido organizarnos entre nosotros para que nuestros hijos siempre estuvieran acompañados por papá o por mamá.

Pues bien, hoy teníamos que ir a hacer un trámites. Papeleo de ese aburridísimo, a esperar horas en oficinas aburridísimas. Anoche le expliqué a Alicia cuál era el plan para esta mañana y me dijo que no quería ir. Le dije que esta vez no podía quedarse en casa con papá o mamá mientras el otro iba a hacer el recado, pues teníamos que ir los 2 forzosamente. Ella respondió “pues tendría que venir un adulto a cuidar de mí”. Entonces le ofrecí, como tantas otras veces, que se quedara con alguno de sus abuelos. Las otras veces siempre había dicho que no, pero ayer dijo que sí. Que sí quería ir a pasear con los yayos. Tuvimos una pequeña conversación para dejar claras algunas cositas y establecer unas normas básicas. Llamamos a los abuelos y ellos encantados de la vida accedieron a quedarse con ella esta mañana.

Así que, mientras nosotros íbamos a disfrutar del funcionariado, ella se ha ido de paseo con sus yayos. Se ha quedado la mar de feliz y se ha despedido con una sonrisa en la cara. Papá y mamá nos hemos ido un tanto “preocupados” por si iba a echarse a llorar en algún momento, por si se lo pondría fácil a los abuelos.

Cuando hemos terminado, hemos ido a su encuentro y nos hemos encontrado con nuestra pequeña feliz como una lombriz, que ha disfrutado muchísimo, que ha hecho lo que ha querido con los abuelos (jajajajaja), que no ha llorado y que, por lo que nos han contado, a quien ha echado de menos realmente ha sido a su hermano (del que hablaba contínuamente). Nos ha saludado feliz y ha dicho que quiere repetir otro día. Y todo esto sin necesidad de aplicar ese entrenamiento “para que se acostumbre” que todos nos proponían como imprescindible.

Hace ya 6 meses del nacimiento de mi hijo y aún no tenía escrito el relato de tan maravilloso día. Tenía sólo la mitad, quería hacerlo con todo lujo de detalles, sensaciones, pensamientos, emociones, incluso horas. Esa mitad desapareció con el resto de información del disco duro hace unas semanas y me encuentro a 6 meses de mi parto y sin nada escrito. Con 2 pequeños hay poco tiempo libre, sobre todo, tiempo libre con posibilidad de concentración, jejeje.

Así que he decidido escribir mi relato en modo “short edition” a la espera de poder narrar la “long and detailed edition”.

 

Durante los últimos días de mi segundo embarazo, mi comadrona me pidió que le enviara cada día un pequeño parte para saber cómo me encontraba. Mi FPP era el 28 de septiembre y esto es lo que le escribía el día 29 por la noche:

Asunto del mensaje: En ocasiones me siento rara

Todo sigue igual, creo…El “creo” es porque anoche de madrugada tuve que levantarme porque me notaba rara. No tenía síntomas de parto pero me notaba extraña y no podía conciliar el sueño. Hoy a mediodía me ha vuelto a pasar lo mismo y además llevo todo el día con mucha pesadez en la zona de la pelvis, es como si tuviera ahí todo el peso de Pau. Tengo además como un leve dolorcillo de regla y sensación de estar mojada contínuamente. No es la bolsa, eso sí lo tengo claro, pero tengo muchísimo flujo bastante líquido.
La verdad es que llega un momento que no sé si me lo estoy imaginando todo.
Besos!

Y no, no me lo estaba imaginando. Esa sensación de sentirme rara no era más que el preludio de lo que iba a pasar.

Era viernes, 30 de septiembre de 2011; cumplía 40+2 de embarazo, exactamente lo mismo que en mi primer embarazo.

Había pasado otra noche más, sin pena ni gloria. Nos levantamos, mi marido se fue a trabajar, yo entré al foro a decir lo fresca que me encontraba y luego me puse a arreglar a Alicia para ir al cole. De repente noté como si me hiciera pis, me pareció raro porque nunca había tenido ni una pérdida de orina pero con aquel barrigón ya de todo podía pasar. Me cambié de ropa y seguí a lo mío. Al poco rato noto que me vuelvo a “mear”, llamé a mi comadrona y me dijo que hiciera una prueba para saber si era la bolsa. La hice y supuestamente no lo era. Yo no tenía ni media contracción. Sigo perdiendo líquido poco a poco y le envío un SMS “o es la bolsa o me pueden fichar para anunciar Tena Lady”. Me dijo que siguiera con normalidad y que a mediodía vendría a verme.

Decidí no llevar a la niña al colegio, llamé a mi marido y le dije que se viniera para casa porque me estaba empezando a agobiar sola con la niña y mis pérdidas de líquido.

Llegó mi marido y empezamos a organizar un poco la casa porque estaba claro que Pau no tardaría en llegar. Yo seguía fresca como una lechuga. Iba al lavabo mil veces a cambiarme, empecé a expulsar el tapón, todo bien. En una de esas ví que el líquido era rojo sangre, así que llamé a mi comadrona, me hizo unas cuántas preguntas y me dijo que me fuera al hospital sin prisa pero sin pausa, que ella iba para allá también.

Me puse a llorar como una madalena, llamamos un taxi y a mi madre para que se hiciera cargo de Alicia si hacía falta.

En el hospital me miraron y me dijeron que estaba todo bien, que ese sangrado se debía a la dilatación y que al mezclarse con el líquido amniótico parecía más de lo que era. Les dije que entonces me iba a casa, las reacciones del personal sanitario las dejo para la long edition, sólo digo que en cero coma tenía allí a todas las comadronas de turno dándome ánimos, sobre todo, cuando supieron quién me iba a atender en casa (el ginecólogo creo que esa noche no durmió y le salió una úlcera sangrante).

Accedieron a dejarme marchar (como si me hicieran un favor) pero me dijeron que tenía que quedarme 1 horita en monitores. Me monitorizan (esto ya era como la 1 del mediodía) y al rato empiezo a tener contracciones. Le pregunté a la comadrona cuánto quedaba porque ya tenía contracciones y quería irme a casa. Cuando terminaron los monitores por fín me dejan irme. No sin antes firmar un papelito de alta voluntaria eximiéndolos de cualquier responsabilidad.

Mi comadrona nos dice que nos lleva a casa en su coche y mi marido avisa a la amiga que nos hará de doula. Por el camino sigo con contracciones, son soportables pero muy rítmicas, así que Inma decide quedarse ya con nosotros.

Justo cuando llegamos a casa, llega en un taxi justo detrás nuestra doula particular (la magia del momento).

Subimos a casa (ya eran las 3 de la tarde) y comemos, sigo con contracciones soportables. Inma dice que aún no ha empezado el trabajo de parto. Puse a Alicia a dormir la siesta pero yo me tuve que levantar porque tumbada estaba incómoda. Iba teniendo contracciones tranquilas, iba rotando la cadera y vocalizando y las llevaba genial. Mi marido, mi comadrona y mi amiga lo preparaban todo. Sobre las 4 o las 5 las contracciones empiezan a ser más duras y necesito oscuridad y silencio. Me lo preparan todo, entretienen a Alicia (se portó como una campeona). Me siento cómoda llevando las contracciones sola, me tumbo en el sofá y me duermo a ratos. Ya pierdo la noción del tiempo, suerte que mi comadrona lo fue apuntando todo con horas y minutos, gran recuerdo.

Cuando las contracciones se hacen más fuertes me preguntan si quiero meterme en la piscina de partos, digo que sí. ¡Qué gozada! Pero mi gozo duró poco porque tanto me relajé que las contracciones se fueron espaciando y bajando de intensidad. Inma me dice que me salga y me propone meterme sola en mi habitación a oscuras a ver si se anima el tema. Y se anima, vaya si se anima. Al rato oigo cerrarse la puerta de casa y luego viene mi marido a decirme que Tona se había llevado a Alicia al parque, no me hizo mucha gracia porque había oscurecido, pregunté la hora y me dijeron que eran las 7 (tampoco llevaba tanto de parto, sólo 3 horitas). Mi marido me abraza, intenta ayudarme a pasar las contracciones, pero no quiero que nadie me toque, necesito estar sola. Me dejan tranquila y las contracciones se vuelven cada vez más fuertes. Gemía y rugía de una manera increíble, sentía mucha presión con cada contracción. Mi comadrona iba escuchando a Pau, todo iba bien. Le pregunté si estaba ya dilatada, me miró la línea púrpura y me dijo que ya estaba de 9 cm. Me pidió que en la siguiente contracción me tocara con la mano a ver si notaba la cabeza de Pau. Pero no, no notaba nada. Estaba completa pero Pau no había bajado. Me desespero un poco.

Inma coloca una silla al lado de mi habitación, le dice a mi marido que saque un fular, le pide que se siente en la silla, me dice que me siente a horcajadas sobre él, mirándonos cara a cara, y nos ata con el fular. Le dice a mi marido que cuando venga una contracción, me deje caer el culo hacia el suelo. Viene la contracción, mi marido hace lo acordado y dioooooosssss, noto a Pau bajar de golpe! No aguanto el dolor y pido que me dejen bajar, grito, me desespero mucho, pierdo los papeles y pido que me lleven al hospital. Se ríen de mí y mi comadrona me dice “si te dejo irte pares en las escaleras”. Inma me dice que si me quedo como estoy (postura cabaret) paro en 2 pujos, pero le digo que no puedo quedarme así, necesito bajarme y moverme. Me bajan de aquella postura bendita que había bajado a mi hijo y maldita que me había partido de dolor.

Me quedo de pie agarrada a mi marido, en cada contracción me cuelgo de él, me siento muy cómoda así, pero él no tanto, pobre, jejeje.

Inma avisa a Tona, Pau está a punto de nacer, volved a casa.

Me ofrece la silla de partos y accedo, mi marido hace de respaldo, estoy cómoda pero la presión de la cabeza de Pau saliendo me descoloca. Me entran los miedos, digo que no puedo, me dicen que lo estoy haciendo muy bien, no me lo creo, grito como no he gritado nunca en cada contracción. Pienso “con lo bien que he llevado toda la dilatación y ahora esto…¿qué estoy haciendo mal?” Ahora sé lo que hacía mal, y fue crearme ciertas expectativas leyendo partos ajenos, sin pararme a pensar que cada parto es un mundo.

La cabeza de Pau asoma y me dicen que la toque pero no quiero, sólo quiero acabar. Un par de pujos y sale la cabeza, placer! Su cabecita está fuera y él se mueve, qué sensación! Otra contracción y sale todo su cuerpecito, me lo dan, lo abrazo, su piel con mi piel, calentito, pegajoso, cubierto de vérnix. Tarda un poquito en llorar, le soplo en la carita, le froto la espaldita y rompe a llorar. Mi niño lindo! Su hermana viene corriendo a verlo, se queda alucinada “qué guapo es!”, dice.

Me ayudan a levantarme con mi hijo en brazos y el cordón aún entre mis piernas para ir a tumbarme al sofá. Al levantarme Inma ve que pierdo mucha sangre, una vez en el sofá me practica una maniobra para parar la hemorragia y dejo de sangrar al momento.

Mi marido corta el cordón que ha dejado de latir. Al ratito sale la placenta solita y sin problemas.

Me revisa y tengo 2 desgarros, le digo que ni se le ocurra coserme ni tocarme más, jajajaja. Me dice que no me va a coser, que son superficiales y que cerrarán solos. Mi niño se engancha a la teta y mi niña grande también, compartiendo como buenos hermanos.

Estamos todos muy cansados, me ayudan a irme a la cama, con mis 2 tesoros, se duermen cada uno a un ladito, no hay mayor felicidad.

 

P.D. Sí, aunque no lo parezca esta es la versión corta XD

Hace ya mucho escribí 2 entradas en las que hablaba sobre el posible final de la lactancia con mi hija mayor (las podéis leer aquí y aquí). Hoy las he recordado durante una conversación con otra mamá y he sentido la necesidad de explicar cómo ha continuado la historia.

Entonces mi hija era sólo “mi hija”, hoy es “mi hija mayor”. Hoy tiene casi 3 años y medio y aún sigue lactando. En este tiempo me quedé embarazada, mi producción fue cero pero ella seguía teteando. Me dolía debido al embarazo, sentí agitación del amamantamiento, pero no creí que fuera el momento adecuado para destetar dado la que se le avecinaba a la princesa de la casa. Por suerte, siempre fue muy comprensiva para su edad y cuando le explicaba que me dolía ella sencillamente paraba o pactábamos tomas de pocos minutos. Creo que hice lo correcto y me siento feliz de no haber destetado.

A los pocos días de cumplir los 3 años, nació mi hijo pequeño en un maravilloso parto en casa. Durante la dilatación la lactancia estuvo presente ayudando a la secreción de oxitocina y aumentando la fuerza de mis contracciones. A las pocas horas de nacido mi hijo, experimentábamos con el tándem.

Imagen

Mi princesa, entonces, descubrió lo que eran los celos, lo pasó fatal. De repente no sólo tenía que compartir a su madre sino que tenía que compartir lo más preciado para ella, SU teta!

Fueron días duros pero, una vez más, mi niña demostró cuán madura y comprensiva puede llegar a ser. De nuevo pactamos tiempos y turnos. Ella misma dejaba lugar a su hermano cuando él lloraba. Pasó de mamar 1 o 2 veces al día a hacerlo casi como un bebé, engordó. Sentí de nuevo la agitación pero, de nuevo, sabía que no era el momento. Poco a poco, con un poquito de parte de cada una, todo ha vuelto a la normalidad. Ha vuelto a mamar 1 o 2 veces al día y poco rato, sin succión nutritiva la mayoría de las veces; sólo por el placer de sentirse “en casa” durante un ratito.

Así que, aquí continúa la historia. Ahora en tándem. ¿Por cuánto tiempo? No lo sé, eso lo contaré cuando algo nuevo suceda :)

no molesten

Cartel con que avisamos a los vecinos del inicio de nuestro viaje

Muchas veces las cosas más especiales son de las que no escribo. O de las que escribo más pero menos enseño. Acabo de ser papá de nuevo y esta vez no quería que se quedase en el tintero. Aunque nada de lo que diga o haga se podrá comparar a las sensaciones que he experimentado estos días.

Ya lo sabía, cuando nació Alicia todo mi mundo cambio para mejor y, lo mejor es que con ella siempre hay algo que sera todavía más increíble. Lo único que no quería repetir con Pau era la estancia en el hospital. Sentí miedo, pensé que lo perdía todo por culpa de dioses ansiosos por experimentar con vidas ajenas.

Mucha gente cree que es un acto de valentía que Pau naciera en casa. En realidad era cobardía a ponernos en manos de otro matasanos. Elegimos a Inma, nuestra comadrona, para saber que estaríamos bien atendidos y que las vidas que estaban en juego no sufrirían. Ella nos ha regalado un recuerdo precioso, una de las experiencias más bonitas que he tenido en esta vida y lo mejor, como con Alicia, también esta por llegar.

Ya hace tres años que mi mujer desnuda, frágil y guerrera pintaba tan poco como yo. Con Pau nos hemos vuelto a borrar felices de estar donde queremos, cambiando el mundo para ellos.

Me llamó el viernes para decirme que no sabía si se había meado o había roto aguas. Telefoneo a Inma y le dijo que sin contracciones podía ser cuestión de horas o días, que siguiese con su vida normal, a mediodía pasaría a ver como seguía todo. No llegamos, en una hora yo corría para casa y, casi sin tiempo para llegar, tuvimos salir disparados, esta vez hacía el hospital. Vero había empezado a sangrar y podía ser todo o nada. Por suerte no fue nada, un susto. El ginecólogo puso mala cara cuando supo que no queríamos quedarnos, que si estaba todo bien preferíamos estar en nuestro hogar. Las comadronas, en cambio, nos animaron, todas conocían a Inma y nos dijeron que con ella todo iría muy bien.

-Tona- llamé con el teléfono de Vero- estate preparada, en cualquier momento te necesitamos.- Por si Alicia quería jugar con alguien. Inma nos llevo a casa y dijo que ya no se iba, que se quedaba a comer. Tona apareció desde la otra punta del mundo cuando empezaba a marcar su número de nuevo.

Las horas previas la casa se llena de vida como un preludio de lo que sera. Inma dispone todas nuestras tareas: lavar, fregar, tender… medio adecentar aquel caos que lo invadía todo. Después de cuarenta semanas de preparación en dos días se nos había descontrolado; el estrés del cole, el trabajo, los nervios… había que improvisar.

Comemos por turnos. Primero la peque y la embarazada, que tenga fuerzas, luego, mientras las dos duermen, la partera, los últimos Tona y yo. Estoy fregando los platos cuando Vero sale gritando para que deje de hacer tanto ruido. Paramos de golpe e Inma le advierte que ella tendrá que hacer ruido para montar la piscina de partos, mientras lo hace aprovecho para enjuagar los pocos cubiertos que tenemos.

Apagamos las luces, bajamos las persianas y, a la luz de las velas, Vero empieza a danzar con las contracciones. Cada jadeo es más intenso que el anterior, se repiten en un espacio perfecto, cada dos minutos pura magia moviéndose. Alicia me sigue a todas partes, de vez en cuando se engancha de la teta de su madre y le regala oxitocina para que todo fluya a un ritmo adecuado, es una niña increíble. Pasan las horas y parecen minutos, es delicioso.

Cuando entra en la piscina de partos se relaja, se empiezan a parar las contracciones e Inma le pide que se salga. Tona se lleva a Alicia al parque para que yo pueda abrazar a Vero con la esperanza de que eso lo reactive todo. Vero me aparta, prefiere estar sola y al ratito, sin más ayuda, todo vuelve a su cauce con mucha más fuerza que antes. Intentando no perder esa intensidad Inma le pide a vero que se siente sobre mi a horcajadas para que cada empuje sea más efectivo. El bebe empieza a asomarse pero a Vero le duele tanto que se pone a gritar- INMA BÁJAME, LLEVAME AL HOSPITAL, BÁJAME, BÁJAME- Pero queda demasiado poco como para poder salir corriendo. La bajamos y si antes las horas eran minutos ahora los minutos son horas.

De pie la abrazo en cada contracción, los picos son tremendos pero así no le molesta tanto. Ya no quiere ir al hospital pero dice que no puede más, la voz se le vuelve aguda como nunca se la había escuchado, volvemos a cambiar. Soy el respaldo de su silla de partos e intento darle mi aliento, esta preciosa tan llena de fuerza. Cuando aparece la cabeza de Pau Inma guía mi mano para que note su pelo húmedo y suave. Mientras tanto Alicia ya ha vuelto del parque. Se queda en la cocina con Tona un poco impresionada por los gritos. De tanto en tanto Tona se acerca para hacernos alguna foto y si se queda demasiado me preocupo por mi peque, quiero decirle que vuelva con ella pero no me salen las palabras.

Pau sale recubierto de plumas blancas, de piel pegajosa. Alicia viene para ver a su hermanito y Vero se acerca hasta el sofá a esperar que salga la placenta. Inma se queda con Vero y el ratoncito, Tona se pone a recoger y yo hago un picnic de sandia, con mi luna, en la cocina. Regreso a cortar el cordón, a llevarle un batido a vero, a ver como esta. La casa se había llenado de vida y ahora había estallado de la misma intensidad. Acabamos de recoger cuando Vero se va a la cama con los dos peques. Bajamos los bártulos y antes de irse Inma me dice que acompañe a Vero al baño por si se marea, mientras me lo esta diciendo arriba ella ya se ha levantado sola, ha hecho pipí y se prepara un bocadillo que desaparece antes de que yo pueda verlo, esta hambrienta por el esfuerzo.

Creo que lo he dicho al principio, nada de lo que diga sera comparable, luego me he puesto a escribir como un loco y nada de lo que he dicho ha sido comparable. Son cosas que no se pueden transmitir, que para cada uno es diferente, que si no lo has vivido… casi no recuerdo el final, se que todo fue un suspiro y me sentía bien y tremendamente feliz. Y, lo mejor, como con Alicia, siempre esta por llegar.

Mil gracias Tona por todo lo que hizo, se volcó por darnos momentos muy especiales, haciendo mucho más de lo que podríamos haberle pedido, gracias a Inma por un parto precioso, divertido, intenso, apabullante y, por supuesto, a mi guerrera, mi luna rebelde y mi sol, mis mejores motivos de viaje y mis fuerzas.

LaRataGris

 

Es a la única conclusión que llego. Debo ser una madre muy rara (en otros aspectos de mi vida ya tengo asumido que soy rara). Mi hija ha empezado el colegio y yo no estoy feliz. Mi hija no se queda llorando pero yo no me quedo tranquila ni mucho menos contenta. La animo porque sé que ella quiere ir, o al menos quería ir antes de saber lo que era. Ahora tengo mis serias dudas de si ella es feliz yendo cada día o simplemente se ve en la obligación de ir. Pensar que mi pequeña de 3 añitos recién estrenados se siente obligada a acudir a un lugar donde no es plenamente feliz me parte el alma. Pero eso no se puede decir porque nadie, o muy pocos, te entiende.

No creo que estar escolarizada sea bueno para ella, quizá tampoco malo, pero bueno desde luego que no. No creo que lo necesite para sociabilizarse. No creo que “tenga que crecer”, ella crece sin necesidad de ir a ningún lado, lo viene haciendo dede que nació. No creo siquiera que esté preparada ni creo que se deba forzar a que lo esté. Yo no estoy preparada y me importa un bledo lo que me digan los demás. Yo no difruto de este tiempo sin mi niña alrededor montando jaleo y desordenando la casa. No quiero tiempo para mí…bueno, en realidad sí lo quiero, pero lo quiero compartir con ella. Mi hija no me molesta, no me agobia, no me sobra nunca. Mi hija me falta cada segundo que estoy separada de ella.

No quiero que nadie me consuele, no busco frases de aliento y menos si son los típicos tópicos ¿Acaso no me conocen?

No quiero que nadie vuelva a decirme que dentro de poco estaré de nuevo ocupada cuidando de un recién nacido. Mi hija es insustituible. Mi hija es mi vida, es mi pasión, mi aire. Cuando nazca su hermano estoy segura de que me enamoraré de él igual que de ella y me faltará algo si no lo tengo a mi lado, pero nunca podrá sustituirla. De igual modo que ella nunca lo sustituirá a él. Porque yo no quiero un juguete al que cambiar los pañales y vestir para sentirme como una niña de 8 años. Yo quiero a mis hijos, quiero a mis cahorros, a los 2. No he decidido ser madre de nuevo porque me falte un bebé al que hacer cucamonas. Mi hija me llena del todo y mi hijo no está buscado para rellenar ningún hueco vacío. Ambos son deseados como personas no como metas para sentirme yo mejor.

No me siento feliz de este comienzo de curso y dudo muchísimo que alguna vez me sienta feliz de separarme de mi hija. Puedo volver a casa más o menos tranquila a medida que vea que ella se queda feliz de verdad, pero no me sentiré contenta de volver a casa sin ella. No disfruto de este tiempo de supuesta paz. No necesito un tiempo X para sentirme realizada como mujer. Yo ya me siento realizada como persona, como mujer y como madre, aunque quizá sea una madre muy extraña.

No se ha hecho grande. Crece cada día sin que nadie se de cuenta. La miran de reojo calculan su altura, el peso y deciden si esta preparada para aprender lo que ellos quieren.- ¿Cuantos años tiene?- y se la llevan para enseñarle a marchitarse entre cuatro paredes. La maduran a golpe de tiempo.

Debe aceptar sus normas, sus mundos grises y deteriorados… que sonría para la foto y- sonríe, sonríe, sonríe…- Tendrá que abandonar las ideas geniales, la libertad, el sentir según necesite. La vida es mucho más compleja, jamás debe saber lo que le conviene y desde pequeña tiene que convertirse en un robot que no se cuestione lo que le pasa.

Yo tendría que colaborar, sin advertirle, sin explicarle la realidad. Que se sienta integrada, no hacerla pensar hipotecando su vida… me quieren hacer cómplice, me siento culpable, si educo por marginarla, si la dejo educar por engañarla… tienen un sistema perfecto en el que fagocitan la experiencia a base de normalidad. Lo normal se repite y lo justo pasa a un segundo plano.

Pero aún no han borrado sus cuentos, sigue dibujando secretos que sólo a mi me explica. Los guardo en una cajita para que no se los roben y les digo a todos que sigue siendo una niña para poder seguir jugando con ella, para no dejar de crecer juntos.

Si algún día olvida lo que fue abriremos el cofre de sus tesoros y recordaremos todo lo desaprendido.

LaRataGris

Cuando por fin se durmió soñó que era una gata-luna que me bajaba estrellas del cielo. Yo soñé con ella disfrazada de instante y fue el mejor momento de mi vida. Había empezado a pasar fugaz por que la felicidad acelera las horas. Habían ocurrido tres años y yo seguía rejuveneciendo en sus juegos sin que afectase a mi edad.

La gata-luna me contó las historias que tenía que vivir, yo le presté mis ojos para que pudiese sentirlas y juntos ordenamos las estrellas que había bajado subida a mi espalda. El cielo ya no brillaba y nos convertimos en fugitivos de la realidad por desfigurarla con ilusiones. Cuando nos despertamos quisimos construir el sueño, nos llamaron soñadores y nos gusto.

LaRataGris

Luna de dos

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.